El constructivismo en Relaciones Internacionales, en 1.000 palabras

Basado en las teorías críticas y sociológicas, el constructivismo aúna una ontología post-positivista (no estudia la realidad material, sino la inmaterial y social) con una epistemología positivista (es decir, aplica el método científico al estudio de la realidad). Esta teoría (o, quizás, metateoría) se ha centrado en explicar cómo las percepciones de la realidad modelan el sistema internacional.

El constructivismo nació a finales de los años ochenta, en el marco del denominado tercer debate de las Relaciones Internacionales (entre el neorrealismo y el neoliberalismo institucional) y del cuarto debate (entre el positivismo y el reflectivismo). En el tercer debate, el constructivismo se puede presentar como una alternativa a las dos posiciones dominantes; y en el cuarto debate, como un posicionamiento intermedio entre las teorías racionalistas y reflectivistas o bien como una corriente reflectivista moderada.

En el constructivismo, los elementos estudiados por las Relaciones Internacionales son construcciones sociales. Por ello es imprescindible considerar las percepciones humanas (basadas en la historia, la cultura, las relaciones de poder…) para entender la realidad. Así llegamos a una segunda idea básica del constructivismo: lo inmaterial (ideas, identidades, intereses…) es más importante que lo material. Lo material solo se puede entender a través de los conocimientos. Tales conocimientos son denominados «significados intersubjetivos» porque ubicándose en «lugares compartidos» (memorias colectivas, conceptos compartidos, interpretaciones colectivas, procedimientos, instituciones…) no son solo una suma de creencias individuales, sino que «tienen vida propia». De hecho, para los constructivistas, no existe una realidad objetiva independiente del significado y acción humana. Los seres sociales no pueden ser separados del contexto que conforma quiénes son.

Desde este punto de vista, toman un papel central las concepciones hacia uno mismo y hacia los demás actores: las identidades. Los autores constructivistas asumen que los actores no tienen una identidad unívoca, sino que reciben diferentes identidades en función de quién les defina: en palabras de Wendt (1992), «la potencia militar de Estados Unidos tiene un significado diferente para Cuba que para Canadá». Sin embargo, la versión identitaria más importante es la que el actor define para sí mismo. Entre otras cosas, la autodefinición se constituye a partir de las normas constitutivas (normas formales e informales que definen pertenencia en un grupo), los objetivos sociales (objetivos compartidos por los miembros del grupo), las comparaciones relacionales (definición de la identidad del grupo a través de lo que no es) y los modelos cognitivos (comprensión y posturas sobre las condiciones políticas y materiales e intereses que son conformados por una identidad particular).

Trëz - Cubes

«Cubes», de Trëz.

Tales identidades determinarían los intereses de los actores, dentro de los mismos procesos impregnados de normas en los que se definen las situaciones. De forma similar, la formación de estructuras o conjuntos de identidades e intereses relativamente estables generarían instituciones a través de la interiorización de nuevas identidades e intereses. Asimismo se señala que las instituciones pueden ser cooperativas o conflictivas, un aspecto que a veces se pierde de vista en la literatura sobre regímenes internacionales, donde se tiende a equiparar institucionalización con cooperación.

Los constructivistas también han otorgado un rol relevante a las normas: su influencia en los comportamientos, su propagación e internalización, su intersubjetividad… La definición de Katzesntein, «expectaciones colectivas sobre el comportamiento adecuado de los actores con una identidad determinada» (1996: 5), muestra cómo son pensadas como un concepto amplio: definidas así, las normas nacen cada día con las creencias y los actos de los actores. Por ello son consideradas dinámicas y fluidas, aunque se reconoce que reflejan estabilidad (en el sentido de que son reconocibles por expectativas conjuntas que estructuran los comportamientos).

Otro de los focos de atención de los constructivistas es el debate entre agencia y estructura, que se pregunta por el origen de los hechos tal como los conocemos, encontrándose en un extremo la estructura (el entorno, instituciones y significados que establecen el contexto de la acción internacional y que «obligan» al actor a actuar de tal forma) y en el otro el agente (el comportamiento autónomo y deliberado del actor). Para el constructivismo, la agencia y la estructura se constituyen mutuamente.

Incluso conceptos tan clásicos como el de anarquía internacional (en Relaciones Internacionales, por «anarquía internacional» se entiende la ausencia de una autoridad mundial por encima de los Estados) son también considerados construcciones sociales. Aplicando la respuesta constructivista al debate entre agencia y estructura, la anarquía (estructura) es influenciada e influenciadora de los actores (agentes). Al ser el resultado de las interacciones sociales entre los agentes, la anarquía internacional es dinámica: cambia por múltiples factores (históricos, sociales, etcétera). Así, Wendt (1992) identificó tres tipos de anarquía: la hobbesiana (basada en relaciones de enemistad y coerción), la lockeana (basada en la rivalidad y en acciones dictadas por el interés propio y el cálculo de costes y beneficios) y la kantiana (basada en relaciones de amistad y en acciones dotadas de legitimidad).

Otro de los elementos más alterados desde esta perspectiva es el de la seguridad: los conceptos de seguridad difieren enormemente en función de cómo el yo se identifique con el otro. En este sentido, el sistema internacional construido se identifica como competitivo (debido a la identificación negativa de los actores) e individualista (dado que se coopera únicamente en casos de intereses compartidos). Como la anarquía, el interés nacional, política exterior y muchos otros elementos, la seguridad es considerada un constructo social dinámico, modelado por variados factores históricos, políticos, culturales y sociales.

Los postulados constructivistas pueden estar influenciados por autores antecedentes como Berger y Luckmann en The Social Construction of Reality (1966). Además de los padres fundadores del constructivismo (Ernst Haas, Alxeander Went y Karl Deutsch), existe una gran cantidad de autores que pueden considerarse constructivistas: Wæver (del que destaca su teoría sobre la seguridad), Kratochwil (centrado en las normas y reglas), Nicholas Onuf, Friedrich Kratochwil, John G. Ruggie, Christian Reus – Smit, Emanuel Adler, Richard Price, Jutta Weldes, Peter Katzenstein, Michael Barnett, Ted Hopf o Martha Finnermore.

BIBLIOGRAFÍA

Se citan en el texto las siguientes obras:

  • Katzenstein, P. J. (1996) The Culture of National Security. Nueva York: Columbia University Press.
  • Wendt, A. (1992), «Anarchy is what States make of it», International Organization, 46, núm. 2, 391-425.

 

Anuncios

One comment

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s